Desarrollo I 2008
Mostrando entradas con la etiqueta infancia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta infancia. Mostrar todas las entradas

sábado, 7 de noviembre de 2009

Los bebés lloran y gritan en su idioma materno

Los recién nacidos prefieren la voz de su madre a todas las demás, perciben el contenido emocional de los mensajes que les envía mediante la entonación, y sienten una fuerte motivación de imitarla para atraerla y crear lazos afectivos, según el estudio.

Desde sus primeros días de vida, los bebés lloran en francés, inglés o español, ya que el llanto de los recién nacidos lleva la impronta del idioma de sus padres, según un estudio publicado en la edición digital de "Current Biology.”

El descubrimiento sugiere que los bebés captan elementos de lo que será su idioma materno ya en el vientre de su madre, o sea, los internalizan mucho antes de sus primeros balbuceos.

"El hallazgo más espectacular de este estudio es que los neonatos humanos no sólo son capaces de reproducir distintos tonos cuando lloran, sino que prefieren las pautas sonoras típicas del idioma que han oído durante su vida fetal, en el último trimestre de gestación,” señala una de las autoras del estudio, Kathleen Wermke, de la universidad alemana de Würzburg.
Según Wermke, contrariamente a lo que indican las interpretaciones más ortodoxas, estos datos subrayan la importancia del llanto para el futuro desarrollo del lenguaje.

El equipo de Wermke grabó y analizó el llanto de 60 recién nacidos sanos, 30 de ellos de familias francófonas y los otros 30 de familias germanófonas, entre 3 y 5 días después de su alumbramiento.

El análisis reveló claras diferencias, basadas en el idioma materno. En el experimento, los bebés franceses tendieron a llorar en un tono ascendente, mientras que los alemanes lo hicieron en un tono descendente, unas diferencias características entre los dos idiomas, explicó Wermke.

En Francia, los niños llaman a su "papá", mientras que los alemanes acentúan "pápa". "Las características melódicas de ambos idiomas se vuelven a encontrar en los gritos de los bebés", explicó Wermke.

Estos resultados demuestran el impacto temprano del idioma nativo, según los investigadores.

Estudios anteriores habían demostrado que los fetos humanos son capaces de memorizar sonidos del mundo externo ya en el último trimestre de gestación. Es decir, desde hace mucho tiempo que se sabe que los niños reconocen en el útero materno la voz de sus padres.

Pero aunque se sabía que la exposición prenatal al idioma materno influye en la percepción de los recién nacidos, se pensaba que sus efectos sobre la pronunciación de sonidos se daban de forma mucho más tardía.

Y la entonación de la madre es el único aspecto del lenguaje que son capaces de imitar, lo que explicaría los resultados del estudio, señalan los científicos.

Wermke quiere apoyar la teoría "que la adquisición del lenguaje en nuestros niños comienza con la melodía de los gritos".

Los bebés están en condiciones de variar sus melodías de gritos en diferentes ritmos y de esta manera trasladar lo oído en el vientre materno. No son emisiones de sonido reflejas y monótonas, indicó la especialista. Es posible que sirvan para detectar temprano trastornos del lenguaje.

"Los recién nacidos probablemente son motivados a imitar el comportamiento de sus madres a fin de atraerla y (...) fomentar el vínculo", escribieron además los investigadores.



Vía: Puntomujer


Eduardo Bravo Lange
Coordianción de la Asignatura
read more...

sábado, 31 de octubre de 2009

Consecuencias de la violencia

read more...

viernes, 30 de octubre de 2009

El exceso de elogio puede dañar a l@s niñ@s

Demasiados "¡muy bien!" cada vez que su hijo haga algo, puede convertirlo en adicto a las recompensas o terminar por afectar su desempeño escolar.

¿AMOR CONDICIONAL?
Así lo sienten los niños. La recompensa constante, el "muy bien" en todo momento puede llevar a la confusión de los niños. "Decir 'muy bien' significa que estamos ofreciendo atención, reconocimiento y aprobación por hacer algo que nos gusta como padres", dice el experto norteamericano Alfie Kohn, autor de 11 libros sobre el comportamiento humano y la educación. Pero eso, advierte, muchas veces lleva a los niños a creer "que son queridos sólo cuando ellos hacen lo que los padres elogian".

En esos términos, el reto o el castigo serían muestra de falta de cariño.

"En lugar de premiar, muchas veces es mejor explicar y ayudarlos a desarrollar las habilidades necesarias", dice Kohn.

MANIPULAR A LOS NIÑOS
"Si te sacas sobre un 6,5 estaré muy orgulloso de ti", son algunas de las recompensas verbales que se les suele decir a los hijos, pero a la larga, ese tipo de incentivo no da buenos resultados en el largo plazo.

"Los elogios funcionan a corto plazo, porque los niños pequeños están hambrientos de aprobación", dice el experto. En esos términos, el niño finalmente siente cierta manipulación, aunque no pueda explicar bien el porqué. Lo ideal, según plantea Kohn, es conversar sobre las repercusiones de las acciones. "Este enfoque es más respetuoso y ayuda a los niños a convertirse en personas reflexivas", dice. Lo importante es que la felicitación no se transforme en "haz lo que te digo".

ADICTOS AL ELOGIO
Hacen un dibujo y se los felicita. Dibujan algo similar en otra hoja y los vuelven a elogiar. Y así se repite la conducta paterna en cada ilustración del menor. ¿El resultado? Un niño adicto a los elogios. Se genera un círculo vicioso, cuanto más se los felicita, más necesitan los niños este tipo de recompensa por parte de sus padres. "Incluso aquellas felicitaciones que realizamos genuinamente por estar complacidos por lo que han hecho, tienen repercusiones en el menor, porque en vez de elevar su autoestima, se les crea una dependencia hacia los adultos que los hace sentirse menos seguros".

Mariarita Bertuzzi, terapeuta familiar y profesora de la Universidad de los Andes, concuerda con que "el exceso de refuerzo positivo crea personalidades muy dependientes, con baja tolerancia a la frustración y poca autonomía. Contrario a lo que se cree, no se genera autoestima alta con estas conductas". Para Bertuzzi, lo ideal es "reforzar los nuevos logros, no aquellos que ya se han conseguido".

¿EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS?
Los elogios permanentes afectan la autoestima. Y dejar de decirlos, cuando antes era algo constante, produce en los niños falta de interés. Un estudio de la Universidad de Toronto concluyó que aquellos niños que eran elogiados frecuentemente por actitudes generosas, fueron menos generosos, en comparación con otros compañeros, en los días sucesivos. Estas reacciones se deben, según Kohn, a que "la generosidad no la veían como lo valioso en su propio sentido, sino como algo que deben hacer para obtener nuevamente esa reacción del adulto. La generosidad se convierte en el medio para el fin", dice.

SENTIMIENTOS REPRIMIDOS
Decir "muy bien" o "muy mal", no son tan antagónicos como se cree. Ambos son evaluaciones que emiten un juicio, los cuales le determinan al niño cómo sentirse. Kohn dice que en edades como la preescolar o cuando aprenden a caminar, es apropiada una guía y evaluación, pero asegura que "juicios constantes de valor no son ni útiles ni necesarios para el desarrollo de los niños. Un niño merece disfrutar sus logros y decidir cuándo y cómo sentirse", dice.

BAJO DESEMPEÑO

Si un trabajo creativo es elogiado, el siguiente será peor en comparación con el primero, según estudios observados por Kohn. Esto sucede porque en el primer trabajo el menor no estaba preocupado de los elogios: su objetivo era realizar un bosquejo creativo. Sin embargo, luego de felicitarlo, la meta es "continuar el buen trabajo" y hacerlo de tal forma que vuelvan a recibir el halago.

En cambio, quienes no lo recibieron serán más creativos para mejorar sus trabajos anteriores. Para Mariarita Bertuzzi, "al estar constantemente reforzado, el menor no distingue lo que es premiable de lo que no es y eso hace que tenga baja tendencia a superarse.

Vía: La Tercera


Eduardo Bravo Lange
Coordinación de la Asignatura
read more...

miércoles, 14 de octubre de 2009

Cómo las mentiras que dicen los padres afectan a los niños

Aunque les enseñan sobre el valor de la honestidad, la mayoría de los padres no siempre recurre a la verdad para educar a sus hijos preescolares.

Debe ser el cuento más clásico de la infancia: el "viejo del saco" que se llevará al niño si sale de la casa sin permiso. La lista de mentiras que los padres regalan a sus hijos pequeños es larga. La motivación tiene, en primer término, un carácter emocional, al que los padres recurren para proteger el bienestar de sus hijos. Por ejemplo, evitar decirle al niño que su dibujo es un desastre. El segundo busca controlar su comportamiento. Como cuando se les dice que si continúa pegándole a su hermano menor vendrá un policía y se lo llevará a la cárcel.

Así lo revela un estudio realizado por las universidades de California y de Toronto que encuestó a 127 padres y 127 universitarios sobre nueve mentiras modelo. Los datos fueron reveladores: un 78% de los adultos reconoció usar ese tipo de frases con sus hijos cuando tenían entre tres y seis años y un 88% de los jóvenes dijo que sus progenitores usaron ese tipo de inventos para "educarlos".

La mentira es una herramienta que utilizan también los padres que promueven la honestidad como valor importante con sus hijos e, incluso, más intensamente aquellos que son más castigadores frente a la falta de sinceridad. De hecho, más del 70% de los padres afirmó que dentro de sus principales enseñanzas está que la mentira es inaceptable.

Pero igual mienten. ¿Por qué? Porque creen que sus hijos no están preparados para saber ciertas cosas, porque sienten que es mejor protegerlos de algunas verdades, porque creen que no los entenderán si les dicen la verdad y, muchas veces, simplemente para conseguir que hagan lo que quieren de manera rápida y fácil.

Los padres no miden las consecuencias, especialmente si este tipo de mentiras se transforma en un repertorio cotidiano en la crianza y si el tema requiere honestidad. Un error, pues los niños incorporan muchas de esas primeras señales y lecciones sobre conducta social observando a sus padres. "Mentir en forma recurrente podría darles a esos niños mensajes contradictorios a futuro, romper las confianzas con sus padres -fenómeno que podría hacer crisis en la adolescencia-, aprender que mentir es razonable y aceptable y, por ende, replicar el modelo de crianza con su propia familia", explica a La Tercera el investigador Kang Lee.

Le pasó a Marcelo la primera vez que una pelea matrimonial lo alejó de la casa por unos días. Creyó que decirle a su hijo Benjamín (5) que se fue de viaje a Estados Unidos era una buena estrategia. El Benja esperaba un regalo que nunca llegó. Y cuando escuchó a sus abuelos hablar del tema, se fue para dentro. "Me costó romper la distancia que yo mismo creé con él", dice Marcelo.

Hay más: los padres no deben subestimar la capacidad de los niños de descubrir cuándo se les miente. "Los niños tienen un tercer ojo, son capaces de leer entre líneas, captando con naturalidad nuestras emociones, aquellas que delatan lo que no decimos", explica Juan Pablo Westphal, sicólogo de Clínica Santa María.

COMPRENSIÓN DE LA REALIDAD
Los especialistas no avalan las mentiras a los niños. Pero evitan encender alarmas demás. Por ejemplo, con los cuentos infantiles: ¿cómo le puede afectar a un niño enterarse de que el ratón que cambia los dientes de leche por billetes no existe? "Ante esto no me pondría alarmista, sobre todo con cuentos como el viejo pascuero o el ratoncito. Un niño lo puede entenderlo como un juego y no entrar en la recriminación", comenta Westphal. Un caso: Paz tenía siete años cuando se enteró en el colegio que el ratón era fantasía. Su padre supo que ella conocía la verdad, pero no tocó el tema. Al contrario, siguieron con la tradición: ella trataba de mantenerse despierta para "pillarlo" en el momento en que él dejaba el billete en la funda de la almohada. Ese juego hizo más cómplice la relación padre-hija.

Hay otro margen para los padres: la protección de los niños. "Es comprensible que haya personas que mientan u omitan ciertos temas con la finalidad de no dañar al niño. Cuando se trata de separaciones o fallecimiento, lo que hay que hacer es entregar la informacion verdadera pero matizada", cuenta el sicólogo.

Un caso recurrente: la muerte de un familiar. "Decirle a un niño que la abuela se fue de viaje no es la mejor forma de que el niño enfrente una muerte", dice Ladislao Lira, sicólogo infanto juvenil. Evitar un tema porque en realidad complica enfrentarlo no es el camino. ¿Cómo hacerlo? Decirle que partió, que no la va a volver a ver, que está descansando. "Ni información verdadera ni cruda. Al niño hay que entregarle elementos que le ayuden a comprender el mundo de acuerdo con su edad. No hay que olvidar que un niño también necesita vivir el rito de despedida y el duelo. Y eso no es mentir", dice Lira.

La idea es no hacer de una excepción una práctica común y recordar que en cualquier etapa en su desarrollo el niño se topará con la verdad fuera de su hogar. Entonces, puede ser que él deba recordarles a sus padres la fábula de Pedrito y el lobo.

Fuente: La Tercera

Eduardo Bravo Lange
Coordinación de la Asignatura


read more...

sábado, 10 de octubre de 2009

Comunicación entre padres e hijos

Especialistas advierten sobre la falta de comunicación con los bebes; ésta es clave para el desarrollo de los vínculos y del lenguaje. La Asociación Norteamericana del Habla, Lenguaje y Oído alienta a los padres para que redoblen sus esfuerzos de comunicación mirando al bebe e imitando sus vocalizaciones, risa y expresiones faciales.

Randi Jacoby, especialista en habla y lenguaje de Nueva York, manifiesta que: "Los padres han dejado de comunicarse con los niños pequeños, lo que hace que se pierda también el contacto visual, la expresión facial y, sobre todo, el feedback [retroalimentación], que es esencial para el desarrollo temprano de la comunicación.

Los niños pequeños requieren tiempo y un feedback individual mientras luchan por formular palabras para elaborar su lenguaje y sus habilidades cognitivas. Las destrezas básicas no se están enseñando con el ejemplo, y la sociedad cae presa de la respuesta rápida a la que la generación de la computadora se ha acostumbrado.

Por supuesto, no todos los padres están habitualmente desconectados de sus niños pequeños. Dos de mis amigas que tienen alrededor de 30 años y que tienen niños pequeños, les hablan y conversan con ellos continuamente.

El consejo de Jacoby a los padres: "Recompense los intentos de comunicación de su pequeño prestando mayor atención a lo que diga. Esté listo para dejar su celular y mire al niño directamente a los ojos cuando comparte sus pensamientos con usted".

La comunicación comienza en cuanto el niño nace. La manera en que se toca, sostiene y mira al bebe y cómo se le habla lo ayuda a aprender su lenguaje, y las diferentes maneras en que llora ayuda a los padres a aprender su lenguaje: "estoy mojado", "tengo hambre", estoy cansado", "me duele", "estoy abrumado", y así sucesivamente.

La Asociación Norteamericana del Habla, Lenguaje y Oído alienta a los padres para que redoblen sus esfuerzos de comunicación mirando al bebe e imitando sus vocalizaciones, risa y expresiones faciales.

"Háblele cuando hace esto", sugiere la asociación. "Cuéntele adónde van a ir, lo que van a hacer cuando lleguen ahí, y a quién y qué van a ver." Uno podría decir cosas, como: "Ahora te vamos a poner las medias", "vamos a ir en el auto a ver a la abuela" o, "cuando lleguemos a la plaza, te voy a hamacar".

Y nunca es demasiado temprano para presentarles los libros. Recuerdo a mi sobrina, que, a los 3 meses, se embelesaba cuando su madre le "leía" un libro de dibujos y le señalaba objetos, le comentaba sobre los colores y lo que hacían los diferentes personajes.


No hablan, pero comprenden

Recuerde que los niños que aún no hablan comprenden mucho más de lo que dicen. Uno de mis nietos tardó en comenzar a hablar. Cuando quería algo para tomar o comer, iba a la heladera o a la alacena y señalaba lo que quería. Nuestra tarea era preguntarle: "¿Quieres agua o jugo?, ¿cereal o pasas de uva? Y esperábamos la respuesta. Cuando comprendíamos, reforzábamos el mensaje verbal y decíamos: "¡Ah!, Lo que quieres es cereal".

Cante canciones, recite rimas infantiles y aliente a su hijo a completarlas con algunas palabras. Cuando lean un libro juntos, lo que debería ser una actividad cotidiana, pídale que nombre o describa los objetos o que hable sobre lo que hacen los personajes.

Evite la frustración verbal. Cuando sus hijos traten de hablarle, présteles toda la atención posible. Y antes de hablarles a ellos, asegúrese de que estén atentos.

(Padres poco comunicados con sus hijos, artículo de Jane E.Brody)

Vía: En positivo | imagen: flickr


Eduardo Bravo Lange
Coordinación de la Asignatura

read more...

viernes, 18 de septiembre de 2009

Los Nuevos miedos infantiles

Miedos infantiles: Raptos y asaltos reemplazaron a los monstruos

¿A qué temen los niños? Hace unos años, a las que brujas, los monstruos y al mítico viejo del saco. Hoy esos temores están en retirada para dar paso a otros más complejos.

Actualmente, los pequeños tienen miedo a ser raptados o a que sus casas sean asaltadas, un problema que los especialistas ven con mayor frecuencia y que puede tener graves consecuencias para su salud futura.

Tienen apenas 4 años: no saben leer ni escribir; recién están conociendo las primeras letras, están en proceso de aprender a vestirse y comer solos. Son niños pequeños dependientes de sus padres, pero a la hora de asustarse su mundo está lejos de ser infantil.

Una realidad que se repite en todo el mundo: la fantasía: las brujas, monstruos y el hombre del saco están en retirada para dar paso a la más cruda de las realidades.

En Chile y el extranjero las investigaciones muestran lo mismo: el principal temor es a la muerte de un ser querido; le siguen el rapto y los asaltos. De hecho, más del 90 por ciento de los niños vive con esos miedos.

En esos casos puede aparecer lo que los médicos denominan miedo patológico: un temor persistente que no abandona al niño y que ante todo lo invalida e impide que realice sus actividades habituales.

El miedo intenso tiene repercusiones en el organismo del niño, cuyo cuerpo secreta un exceso de sustancias químicas como la llamada hormona del stress: el cortisol.

Ese niño puede tener en el futuro una serie de trastornos de angustia, fobias, pero ante todo una desregulación de sus emociones.

Los profesionales advierten que antes de los 9 años un niño no debe estar expuesto a informaciones tan impactantes como esa, ya que no lo puede procesar adecuadamente.

Pero si ocurre, el antídoto es el más sencillo de todos: el cariño y la contención, ya que el amor no es un sentimiento abstracto, también provoca la secreción de la llamada hormona de la calma y la felicidad: la oxitocina; un remedio para el cortisol.

  • Para ver el video de esta noticia, aparecida en tele13, click acá!


Eduardo Bravo Lange
Coordinación de la Asignatura
read more...

jueves, 3 de septiembre de 2009

complejos desde el inicio

Bienvenidos a la asignatura de Psicología del Desarrollo I, a continuación les dejo un video que es muy interesante y que les ayudará a entender que en nuestro proceso de desarrollo influyen variados factores.

saludos y exito
Loreto Isla M.
Tutora Ayudante

read more...

viernes, 12 de diciembre de 2008

La ansiedad y el miedo en la infancia

LA ANSIEDAD EN LA INFANCIA

Se trata de una vivencia displacentera que generalmente ocurre como respuesta frente a situaciones de amenaza, reales o imaginarias, expresada a través de síntomas físicos o psíquicos que tienen una función defensiva ante la experiencia de amenaza.

Estas situaciones de peligro, tal como las describe Freud, son el miedo a ser abandonado, a perder el objeto amado, el miedo a la venganza y al castigo, y la posibilidad de castigo por parte del “superyó” (en psicoanálisis, en el lenguaje coloquial es “lo que cree el niño o el adulto que debería haber hecho”).

Reaccionamos con ansiedad ante las dificultades de la vida. Y ante los hechos agradables o placenteros por temor a la pérdida.

Lo importante para la salud física y mental no es tener o no ansiedad, sino la cantidad, la calidad y el tipo de la misma.

La existencia de conflictos profundamente inconscientes, si no son elaborados, puede dar lugar a estados de ansiedad crónica que se manifestarán por trastornos mentales. Esta ansiedad crónica puede llevar a auténticas enfermedades, como las enfermedades psicosomáticas o psicofisiológicas, como por ejemplo antrosis cervicales, trastornos cardiovasculares (por ej, el infarto de miocardio), ulceras gastroduodenales, asmas y bronquitis, etc.
EL MIEDO EN LA INFANCIA

Cuando la ansiedad se produce por estímulos específicos, se habla propiamente de miedo. La mayoría de los niños experimentan muchos temores leves, transitorios y asociados a una determinada edad que se superan espontáneamente en el curso del desarrollo. El miedo constituye un primitivo sistema de alarma que ayuda al niño a evitar situaciones potencialmente peligrosas. El miedo a la separación es la primera línea de defensa; si se rompe ésta, entonces entran en acción los miedos a los animales y a los daños físicos. Desde esta perspectiva, los miedos son respuestas instintivas y universales, sin aprendizaje previo, que tienen por objetivo proteger a los niños de diferentes peligros. Los miedos innatos, es decir, que se presentan desde el nacimiento, se pueden agrupar en cinco categorías generales:
  • Miedo a los estímulos intensos. Miedo a los estímulos desconocidos, como por ejemplo, el temor a los extraños.
  • Miedo a la ausencia de estímulos, como por ejemplo, la oscuridad.
  • Miedo a estímulos que han sido potencialmente peligrosos para la especie humana en el transcurso del tiempo, como la separación, las alturas, las serpientes u otros animales salvajes.
  • Miedo a las interacciones sociales con desconocidos.


MIEDOS EVOLUTIVOS NORMALES MÁS FRECUENTES EN LAS FASES DEL DESARROLLO INFANTIL

El niño de 0 a 1 año suele responder con llanto a los estímulos intensos y desconocidos, así como cuando cree encontrarse desamparado.

En los niños de 2 a 4 años aparece el temor a los animales.

En los niños de 4 a 6 años surge el temor a la oscuridad, a las catástrofes y a los seres imaginarios (como brujas y fantasmas) así como el contagio emocional del miedo experimentado por otras personas y la preocupación por la desaprobación social.

Entre los 6 y los 9 años pueden aparecer temores al daño físico o al ridículo por la ausencia de habilidades escolares y deportivas.

Los niños de 9 a 12 años pueden experimentar miedo a la posibilidad de catástrofes, incendios, accidentes; temor a contraer enfermedades graves; y miedos más significativos emocionalmente, como el temor a conflictos graves entre los padres, al mal rendimiento escolar, o, en ambientes de violencia familiar, el miedo a palizas o broncas.

Entre los adolescentes de 12 a 18 años tienden a surgir temores más relacionados con la autoestima personal (capacidad intelectual, aspecto físico, temor al fracaso, etc.) y con las relaciones interpersonales.

Los miedos infantiles expuestos son muy frecuentes y pueden afectar hasta al 40-45% de los niños. Son, por ello, normales, aparecen sin razones aparentes, están sujetos a un ciclo evolutivo y desaparecen con el transcurso del tiempo, a excepción del miedo a los extraños que puede subsistir en la vida adulta en forma de timidez.

LA ANSIEDAD Y EL MIEDO

A menudo se usan de forma indiscriminada estos dos constructos, pero veremos sus diferencias.

La ansiedad usualmente empieza con un peligro no muy bien definido, mientras que el miedo usualmente empieza cuando hay una situación que esta muy bien definida.
Funcionalmente dependen de dos clases de estímulos:

  1. Los externos (lo que ocurre en su entorno)
  2. Los internos (lo que siente el niño)

En la ansiedad, lo que ocurre en su entorno influye en menor grado que en el miedo, en el que teme a algo en concreto. Y el sistema de respuesta predominante en la ansiedad es el pensamiento, mientras que en el miedo es el motor.

La ansiedad y el miedo nos causan muchos síntomas mentales incómodos, como el sentirse indefenso, la confusión, la aprehensión, la preocupación y los pensamientos negativos repetitivos. El miedo y la ansiedad también pueden causar síntomas desde simples tensiones musculares hasta un corazón latiendo fuertemente. Los síntomas posibles están anotados en la descripción de ataques de pánico.
¿PORQUÉ SE PRODUCEN LOS TRASTORNOS DE ANSIEDAD EN LA INFANCIA?

Hay niños muy vulnerables a las situaciones de estrés, tanto en su aspecto biológico, como psicológico, así como situaciones estresantes.
Se han propuesto varias hipótesis referentes a la ansiedad de separación (Bragado, 1993) como muy influyentes.
  • Los déficits de aprendizaje
  • Las experiencias traumáticas de separación
  • El reforzamiento de las conductas de dependencia por parte de los padres.
En suma, la vulnerabilidad biológica, la vulnerabilidad psicológica y los acontecimientos estresantes traumáticos hacen más probables, sobre todo cuando actúan juntos, la aparición de la ansiedad de separación.

La mayor parte de las actuales aproximaciones psicológicas consideran que los miedos y sobre todo las fobias, son adquiridas o aprendidas por el individuo que las presenta como consecuencia de su experiencia particular. Esto no significa que desde un punto de vista psicológico se niegue la existencia de reacciones “innatas” de miedo, que se producen ante determinados estímulos casi desde el nacimiento.

Se puede observar por tanto que, en el origen de los trastornos de ansiedad desempeñan un papel importante, por un lado, los acontecimientos estresantes como el divorcio de los padres en los períodos críticos de la infancia y, por otro, el estilo educativo de los padres con los hijos.

En concreto, hay una estrecha relación entre la ansiedad materna, la sobreprotección de los hijos y las respuestas de ansiedad por parte de éstos. El temperamento del niño desempeña asimismo un papel importante y refleja la predisposición hereditaria general. Los niños ansiosos tienden a responsabilizarse excesivamente de los fracasos, experimentan dificultades para generar alternativas de actuación y discriminar las que son efectivas de las que no lo son y por último, suelen ser lentos en la toma de decisiones.

La atención excesiva del niño a sus propias reacciones y a sus propios pensamientos contribuye a desarrollar y mantener la ansiedad.

Las situaciones que provocan ansiedad en la infancia son muy variadas. A continuación les ofrecemos una relación de factores que pueden generar o precipitar la ansiedad.
  • Enfermedades e intervenciones quirúrgicas.
  • La muerte de amigos o parientes.
  • Las dificultades escolares.
  • Ataques o experiencias sexuales.
  • Los problemas intrafamiliares.
  • Las situaciones de miedo.
  • Las preocupaciones y situaciones de peligro imaginario.
  • Los accidentes.
  • La menstruación.
  • Experiencias traumáticas específicas. “Estrés traumático”.
La ansiedad crónica se manifiesta frecuentemente por inquietud o conducta temerosa, con dificultades de tipo relacional o social y menos veces con manifestación orgánica. Son menos aparatosos los síntomas en las formas de ansiedad aguda, con predominio de sentimientos de culpa o de preocupación excesiva, o acompañando ideas obsesivas. La ansiedad crónica tiene un importante valor en psicopatología del niño por su propio significado y por el fuerte poder dinamizador que posee, posibilitando reacciones a medio y largo plazo con consecuencias imprevisibles, siendo un factor de riesgo si permanece de manera continuada durante años, creando además una vulnerabilidad psíquica que se mantendrá en la vida adulta.

El rasgo es un modo de conducta, distintivo de una persona, de naturaleza más o menos permanente. Es una característica de la personalidad del sujeto, como por ejemplo la timidez. Ese rasgo no tiene porque ser patológico a no ser que origine sufrimiento o dificultades en su vida y en su equilibrio psíquico. La ansiedad estado en el niño hace pensar en lo patológico, en trastornos por ansiedad identificables.

Uno de los peligros es que la ansiedad crónica se involucra con la personalidad conforme el niño crece. El comportamiento emocional y social del niño refleja sentimientos de inferioridad, hipersensibilidad, vulnerabilidad emocional, exageración en las respuestas emocionales, timidez, aislamiento social, vinculaciones afectivas inadecuadas, autoconciencia de su situación, llantos, desequilibrios emocionales, rigidez emocional, aplicación de la “ley del todo o nada”, carácter “complaciente” y falsamente adaptado, etc.

Vía: Psicoarea
Eduardo Bravo Lange
Coordinador de la Asignatura

read more...